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Acta Colombiana de Psicología

versión impresa ISSN 0123-9155

Act.Colom.Psicol. v.15 n.1 Bogotá ene./jun. 2012

 

ARTÍCULO

FUNCIONAMIENTO FAMILIAR, CONFLICTOS CON LOS PADRES Y SATISFACCIÓN CON LA VIDA DE FAMILIA EN ADOLESCENTES BACHILLERES

FAMILY FUNCTIONING, CONFLICTS WITH PARENTS AND FAMILY LIFE SATISFACTION IN ADOLESCENTS HIGH-SCHOOL STUDENTS

FUNCIONAMENTO FAMILIAR, CONFLITOS COM OS PAIS E SATISFAÇÃO COM A VIDA DE FAMÍLIA EM ADOLESCENTES ESTUDANTES DE SEGUNDO GRAU

ALEJANDRO CÉSAR LUNA BERNAL
UNIVERSIDAD DEL VALLE DE ATEMAJAC, CAMPUS LEÓNa

* Universidad del Valle de Atemajac, Campus León, División de Posgrado, Investigación y Educación Continua. Blvd. Juan Alonso de Torres Pte. No. 3538 Col. San José de Las Piletas. León, Guanajuato, México. Código Postal 37330. Correo electrónico: aluna642@ hotmail.com.



Recibido,agosto 23/2011
Concepto evaluación, abril 17/2011
Aceptado, mayo 16/2012

Resumen

El objetivo del presente estudio fue examinar en qué medida el funcionamiento del sistema familiar puede modular el efecto de los conflictos con los padres sobre los niveles de satisfacción familiar de los adolescentes. La muestra (N = 204) estuvo compuesta por estudiantes bachilleres con edades entre 15 y 19 años quienes respondieron la Escala de conflicto familiar en la adolescencia (Parra y Oliva, 2002; Pérez y Aguilar, 2009), la Escala de Funcionamiento Familiar (FACES-20esp) (Martínez- Pampliega, Iraurgi, Galíndez y Sanz, 2006) y la Escala de Satisfacción con la Vida de Familia (Luna, Laca y Mejía, 2011). Un análisis de Regresión múltiple mostró una contribución significativa de la Cohesión y de la Frecuencia de conflictos sobre la Satisfacción familiar. Con base en ello, un Análisis de Varianza univariado permitió identificar que el efecto de la Frecuencia de conflictos sobre la Satisfacción familiar depende del grado de Cohesión familiar. Se discuten estos y otros resultados en el marco de la controversia, presente en la literatura, sobre los posibles efectos positivos o negativos del conflicto paterno-filial en la adolescencia.

Palabras clave: Cohesión, Adaptabilidad, Satisfacción con la vida de familia, Frecuencia de conflictos, Intensidad de conflictos


Abstract

The objective of this study was to examine to what extent functioning of the family system can modulate the effect of conflicts with parents on the levels of family satisfaction of adolescents. The sample (N = 204) was composed of high-school students aged between 15 and 19 years. They responded the Spanish versions of the Family Conflict in Adolescence Scale (Parra & Oliva, 2002; Pérez & Aguilar, 2009), the Family Adaptability and Cohesion Evaluation Scale (FACES-20esp) (Martínez- Pampliega, Iraurgi, Galíndez & Sanz, 2006), and the Satisfaction with Family Life Scale (Luna, Laca & Mejía, 2011). A Multiple Regression analysis showed a significant contribution of Cohesion and Frequency of conflicts on family satisfaction. Based on this, a Univariate Variance Analysis identified that the effect of Frequency of Conflict on Family Satisfaction depends on the degree of family Cohesion. These and other results are discussed in the framework of the controversy present in the literature about the possible positive or negative effects of conflict between parents and children in adolescence.

Key words: Cohesion, Adaptability, Family Life Satisfaction, Frequency of conflicts, Intensity of conflicts.


Resumo

O objetivo deste estudo foi examinar em que medida o funcionamento do sistema familiar pode modular o efeito dos conflitos com os pais sobre os níveis de satisfação familiar dos adolescentes. A mostra (N = 204) esteve composta por estudantes de segundo grau com idades entre 15 e 19 anos que responderam a Escala de conflito familiar na adolescência (Parra e Oliva, 2002; Pérez e Aguilar, 2009), a Escala de Funcionamento Familiar (FACES-20esp) (Martínez-Pampliega, Iraurgi, Galíndez e Sanz, 2006) e a Escala de Satisfação com a Vida de Família (Luna, Laca e Mejía, 2011). Uma análise de Regressão múltipla mostrou uma contribuição significativa da Coesão e da Frequência de conflitos sobre a Satisfação familiar. Com base nisso, uma Análise de Variação univariada permitiu identificar que o efeito da Frequência de conflitos sobre a Satisfação familiar depende do grau de Coesão familiar. Discutem-se estes e outros resultados dentro da controvérsia, presente na literatura, sobre os possíveis efeitos positivos ou negativos do conflito paterno-filial na adolescência.

Palavras-chave: Coesão, Adaptabilidade, Satisfação com a vida de família, Frequência de conflitos, Intensidade de conflitos.


Las relaciones paterno-filiales durante la adolescencia han sido vistas, tradicionalmente, como especialmente marcadas por la presencia de conflictos frecuentes e intensos (Oliva, 2003, 2006; Smetana, Campione-Barr y Metzger, 2006; Steinberg, 2001). Se pensaba que tal grado de conflictividad era un elemento inherente a las relaciones entre padres e hijos durante este periodo ya que respondía necesariamente, se creía, a aspectos cruciales del proceso de maduración experimentado por el adolescente, tales como su necesidad de individuación en el proceso de construir nuevos lazos objetales y una nueva organización de los impulsos (Blos, 1962/1975), una fuerte inestabilidad emocional derivada de los cambios puberales (Hurlock, 1973/1997), su natural rebeldía frente a la autoridad (Powell, 1971/1975) o la gran divergencia en valores y opiniones entre su generación y la de sus padres (Horrocks, 1984), entre otras características asociadas a la tradicional concepción de la adolescencia como un periodo de "Tormenta y tensión" (Storm and stress) (Arnett, 1999).

No obstante, diversas investigaciones desarrolladas a partir de los años sesenta, sobre todo, comenzaron a acumular resultados empíricos que contradecían, en gran medida, a esta imagen tradicional mostrando un grado de conflictividad entre los adolescentes y sus padres mucho menor a la que se proponía así como una imagen general de aceptación, afecto y cordialidad en las relaciones paterno-filiales, con la presencia de conflictos cotidianos menores que no amenazaban de manera importante los vínculos entre hijos y padres (Bandura, 1964; Coleman, 1980/1994; Mead, 1939/1971; Mckinney, 1977/1982; Prinz, Foster, Kent y O'Leary, 1979). Por todo ello Holmbeck (1996) ya afirmaba que "la noción de que las relaciones entre padres e hijos en la preadolescencia son significativamente disruptivas e intensas durante el periodo adolescente no ha sido verificado por la investigación empírica" (p. 169). Según este autor menos del 10% de las familias presenta serias dificultades durante la adolescencia (i. e., conflicto crónico con escaladas); además se ha encontrado que en una gran proporción de estos casos los problemas no son nuevos, sino que se arrastran desde la infancia (Oliva, 2003, 2006; Steinberg, 2001). En este mismo sentido, investigaciones recientes llevadas a cabo en el ámbito iberoamericano han mostrado que tanto los adolescentes como sus padres tienden a percibir un grado de conflictividad más bien bajo en sus relaciones (Parra y Oliva, 2002; Megías, 2003; Bernedo, Fuentes y Fernández, 2005; Motrico, Fuentes y Bersabé, 2001; Fuentes, Motrico y Bersabé, 2003). Igualmente, investigaciones llevadas a cabo en México han reportado resultados similares en nuestro contexto (Álvarez, Ramírez, Silva, Coffin y Jiménez, 2009; Gómez, 2008; Nuño, Ramírez, Ramírez, Rasmussen y Madrigal, 1998; Pérez y Aguilar, 2009; Pick, Rivera y Flores, 1988; Serrano y Flores, 2004; Vallejo, Aguilar y López, 2004; Vallejo, Mazadiego y Osorno, 2005).

Así, los mencionados resultados han propiciado en las últimas décadas el desarrollo de una perspectiva más optimista sobre la adolescencia en general como periodo evolutivo así como, en específico, sobre el conflicto paterno- filial en la adolescencia (Gecas y Seff, 1990; Montemayor, 1983; Oliva, 2003, 2006; Steinberg, 2001). En ese marco, numerosos autores han señalado diversos efectos positivos de los conflictos entre los adolescentes y sus padres, ya sea sobre el mismo desarrollo del adolescente o, bien, sobre la trasformación de las propias relaciones familiares, tales como fomentar la tolerancia y el aprendizaje de habilidades de resolución de conflictos (Motrico et al., 2001), mejorar la comprensión mutua (Bernedo et al., 2005), propiciar el intercambio de información (Megías, 2003; Parra y Oliva, 2002), o promover el paulatino logro de la autonomía del adolescente como un proceso vinculado a su integración psicosocial (Allen, Hauser, O'Connor, Bell y Eickholt, 1996; Alonso, 2005; Cohen, 1980; Coleman, 1980/1994; Collins, Laursen, Mortensen, Luebker y Ferreira, 1997; Collins y Laursen, 2004).

Frente a esta imagen optimista del conflicto paternofilial en la adolescencia, es importante señalar, sin embargo, la existencia de un gran número de investigaciones que señalan efectos importantes de dicha conflictividad sobre el bienestar y la salud del adolescente; efectos que podrían considerarse negativos en el sentido de que constituyen a la dinámica familiar en un factor de riesgo psicosocial. Por ejemplo, existen estudios que han considerado la conflictividad familiar como un factor del consumo de drogas (Chávez, Macías, Páramo, Martínez y Ojeda, 2005; García, 2002; Gómez, 2008), del desarrollo de trastornos alimenticios (Hurtado, González, Hidalgo, Nova y Venegas, 2002), del desarrollo de sintomatología depresiva (Álvarez et al., 2009; Galicia, Sánchez y Robles, 2009; entre otros), y de ideación y tentativa suicida (González, Ramos, Caballero y Wagner, 2003; Palacios, Sánchez y Andrade, 2010). Asimismo, se ha encontrado que el conflicto familiar puede tener un efecto negativo sobre el desarrollo de la autonomía del adolescente (Allen et al., 1996), sobre el rendimiento académico (Galicia et al., 2009) o incidir en el desarrollo de comportamiento antisocial y violento (Cerda, Cerda y Store, 2008; Frías- Armenta, López-Escobar y Díaz-Méndez, 2003; González y Santana, 2001).

Así pues, en la literatura sobre conflicto familiar en la adolescencia, podemos constatar que actualmente persisten dos tipos de resultados: por una parte, se tiende a destacar los aspectos positivos de las interacciones entre padres e hijos, mostrando una imagen más bien optimista de sus relaciones y funciones positivas del conflicto paterno-filial. Por otro lado, sin embargo, otra serie de estudios muestra los efectos negativos que el conflicto familiar puede tener sobre el bienestar del adolescente y sobre la propia dinámica familiar, sin ignorar la incidencia que dichos efectos puedan tener, finalmente, sobre los problemas de salud pública y la generación de violencia social. Frente a ello, es posible considerar que estas dos imágenes que nos proporciona la literatura sobre el conflicto paterno-filial en la adolescencia probablemente correspondan a dos aspectos del fenómeno en los cuales, cada perspectiva ha puesto peculiar atención.

En ese marco, algunos autores han señalado que el efecto positivo o negativo que puedan tener los conflictos sobre las relaciones paterno-filiales y el bienestar del adolescente depende, en realidad, de una serie de factores moduladores (Jenkins, Mchale y Crouter, 2003; Montemayor, 1986; Musitu y Cava, 2001; Musitu, Buelga, Lila y Cava, 2004; Pérez y Aguilar, 2009; Van Doorn, Branje y Meeus, 2008). Dentro de ellos habría que contar, especialmente, el nivel de cohesión y de flexibilidad del sistema familiar.

En efecto, según Musitu et al. (2004) el conflicto será funcional dependiendo del contexto en que se manifieste: si dicho contexto es cohesivo, la aparición de cierto grado de conflicto puede proporcionar beneficios personales y una mejora de las relaciones; en cambio, cuando el conflicto es hostil y escala en intensidad, los hijos se sienten abandonados y evitan las interacciones con los padres. En México, Pérez y Aguilar (2009) encontraron que los adolescentes reportan conflictos frecuentes e intensos cuando sus padres son autoritarios o violentos al comunicarse, y existe inflexibilidad familiar.

En el Modelo Circumplejo (Circumplex Model of Marital and Family Systems) de Olson (2000), se considera a la cohesión y a la flexibilidad como dos dimensiones del funcionamiento familiar. En dicho modelo se entiende por "cohesión" el vínculo emocional que los miembros de la familia tienen entre sí, y por "fexibilidad" la capacidad de dicho sistema para cambiar su estructura de poder, sus roles y las reglas de sus relaciones en respuesta al estrés situacional y del desarrollo (Thomas y Olson, 1994). La cohesión se vincula a conceptos tales como lazos familiares, implicación familiar, coaliciones padres-hijos y fronteras internas y externas. La flexibilidad se asocia a conceptos como liderazgo, disciplina, y negociación de roles y reglas (Olson, 2000).

Por todo lo anterior es que se plantearon como objetivos del presente estudio, en primer lugar, identificar el grado de frecuencia e intensidad de los conflictos que los adolescentes perciben tener con sus padres, con el fin de valorar la presencia de estas variables en la población de estudio. En segundo lugar, analizar el grado en que el funcionamiento familiar, considerado en sus dimensiones de cohesión y flexibilidad, podría modular el efecto de la frecuencia y de la intensidad de los conflictos sobre los niveles de satisfacción familiar del adolescente.

Método

Participantes

La muestra (N = 204) estuvo compuesta por estudiantes de bachillerato con edades entre 15 y 19 años (M = 16.52, DT = 1.12), de los cuales 78 (38.2%) fueron hombres y 126 (61.8%) mujeres. Los participantes pertenecían una escuela preparatoria pública de la Zona Metropolitana de Guadalajara, Jalisco (México) y se encontraban distribuidos en los seis grados (semestres) de bachillerato.

En la mencionada preparatoria pública se cuenta con alumnos de nuevo ingreso dos veces al año: en febrero y en agosto (al inicio de cada periodo semestral). De este modo, siempre se cuenta con alumnos en los seis grados de bachillerato. Para conformar la muestra de estudio se seleccionó aleatoriamente un grupo de cada grado.

Instrumentos

Escala de Conflicto Familiar en la Adolescencia (ECFA). Informa sobre el grado de frecuencia y de intensidad de conflictos que el adolescente percibe tener con sus padres. La frecuencia se refiere a la cantidad de veces que padres e hijos discuten; la intensidad, se refiere al nivel de tensión emocional percibido durante las discusiones (Pérez y Aguilar, 2009).

La ECFA está compuesta por 14 reactivos, cada uno de los cuales enuncia un posible tema de conflicto del adolescente con sus padres (véase Tabla 1). Respecto de cada reactivo, el adolescente debe marcar sus respuestas en dos escalas: a) la de frecuencia de conflictos, y b) la de intensidad de conflictos. En la escala de frecuencia se le pide al participante responder si con relación a cada uno de los temas mencionados se presentan entre él y sus padres: 1 = Ningún conflicto, 2 = Algunos conflictos, 3 = Bastantes conflictos o 4 = Muchos conflictos. En la escala de intensidad se le pide al adolescente responder si se trata de 1 = Conflictos leves, 2 = Conflictos de intensidad media o 3 = Conflictos fuertes. Para su calificación, se calcula la media aritmética de los 14 reactivos para cada una de las dos escalas, obteniéndose así un puntaje de frecuencia y otro de intensidad de conflictos.

Los puntajes indicativos de niveles son los siguientes: a) Frecuencia baja, entre 1 y 1.99; b) Frecuencia media, entre 2.00 y 2.99; c) Frecuencia alta, entre 3.00 y 4.00; d) Intensidad baja, entre 1.00 y 1.50; b) Intensidad media, entre 1.51 y 2.50; por último, f) Intensidad alta, entre 2.51 y 3.00.

El instrumento fue diseñado en España por Parra y Oliva (2002) con una muestra de 513 adolescentes sevillanos con edades entre 12 y 19 años. En México, Pérez y Aguilar (2009) validaron el instrumento con una muestra de 380 estudiantes de una escuela secundaria pública, reportando índices de confiabilidad alfa de .74 a .77 para la escala de frecuencia, y de .69 a .73 para la de intensidad, con una varianza explicada total de 57.8% considerando ambos factores.

Escala de Funcionamiento Familiar (FACES- 20esp). Informa sobre los grados de cohesión y de flexibilidad del sistema familiar percibidos por el participante, en el marco del Modelo Circumplejo de Olson (2000). La cohesión se refiere al vínculo emocional que los miembros de la familia tienen entre sí; la flexibilidad, a la capacidad de dicho sistema para cambiar su estructura de poder, sus roles y las reglas de sus relaciones en respuesta al estrés situacional y del desarrollo (Thomas y Olson, 1994).

El FACES-20esp está compuesto por 20 reactivos, cada uno de los cuales es una oración que describe una característica de la familia correspondiente a su grado de cohesión (10 reactivos) y de flexibilidad (10 reactivos). Se le pide al participante señalar con qué frecuencia dicha característica se presenta en su familia, empleando un formato de respuesta tipo Likert de cinco puntos que va desde 1 = Nunca o casi nunca hasta 5 = Casi siempre. Para su calificación se obtienen las medias de los 10 reactivos correspondientes a cada una de las dos escalas, obteniéndose así un puntaje de cohesión y otro de flexibilidad. Los puntajes entre 1 y 1.99 son indicativos de niveles bajos de cohesión y flexibilidad; los puntajes entre 2 y 3.99, corresponden a niveles moderados, mientras que los puntajes entre 4 y 5 se consideran indicativos de niveles altos.

El FACES-20esp es una traducción y validación a la lengua española del Family Adaptability and Cohesion Evaluation Scale (FACES II) propuesto por Olson, Portner y Bell en 1982, traducción y validación llevada a cabo por Martínez-Pampliega, Iraurgi, Galíndez y Sanz (2006) con una muestra de 248 estudiantes universitarios de Bilbao (España), reportando índices de confiabilidad alfa de .89 y .87, y porcentajes de varianza explicada de 52% y 46%, para las subescalas de Cohesión y Flexibilidad, respectivamente.

Escala de Satisfacción con la vida de familia (ESVF). Informa sobre el grado de satisfacción que el participante juzga tener en la vida con su familia, sobre la base de su propio conjunto único de criterios (Luna, Laca y Mejía, 2011). Se compone de cinco reactivos, cada uno de los cuales es una oración que representa un juicio global sobre qué tan satisfecho se considera el participante en la vida con su familia.

Se le pide al participante que responda qué tanto está de acuerdo con cada uno de los juicios representados por cada reactivo con un formato de respuesta Likert de siete puntos que va desde 1 = En total desacuerdo hasta 7 = Totalmente de acuerdo. Para su calificación se obtiene la media aritmética de los cinco reactivos, considerándose como nivel bajo de satisfacción los puntajes entre 1 y 2.99, satisfacción media entre 3 y 4.99, y satisfacción alta entre 5 y 7.

El instrumento es una adaptación de la Escala de Satisfacción con la Vida (Satisfaction with Life Scale, SWLS) de Diener, Emmons, Larsen y Griffin (1985), llevada a cabo por Luna et al. (2011) con una muestra (N = 580) de estudiantes de bachillerato con edades entre 15 y 19 años, reportando una adecuada solución monofactorial con un índice de confiabilidad alfa de .88 y un porcentaje de varianza explicada de 67.51%.

Procedimiento

La aplicación se realizó dentro de las aulas ordinarias de clase en sesiones de aproximadamente media hora de duración, cuidando que se tuviera una adecuada distribución de los lugares, ventilación e iluminación. Se solicitó a los participantes su colaboración voluntaria, explicándoles el objetivo del estudio e invitándoles a contestar con sinceridad. Se les garantizó la absoluta confidencialidad de la información y su uso para fines exclusivamente científicos.

Resultados

Con relación a la Frecuencia e Intensidad de conflictos con los padres, el 90.3% de los adolescentes participantes reportó un nivel de frecuencia bajo (M = 1.41, DT = 0.23, n = 186), el 5.8% reportó frecuencia media (M = 2.35, DT = 2.35, n = 12) y solamente el 0.5% reportó frecuencia alta (M = 3.00, n = 1). Por otro lado, el 57.8% de los participantes se ubicó en un nivel de intensidad bajo (M = 1.29, DT = 0.15, n = 119), el 36.4% en intensidad media (M = 1.82, DT = 0.22, n = 75) y solamente un 2.4% en intensidad alta (M = 2.77, DT = 0.13, n = 5).

En la Tabla 1 se muestran las medias y desviaciones típicas obtenidas por los participantes en cada uno de los 14 temas de conflicto de la ECFA. Como se observa, los temas de conflicto más frecuentes e intensos resultaron ser los relativos a quehacer doméstico, hora de volver a casa y estudio y calificaciones, mientras que los menos frecuentes e intensos resultaron ser los referentes a elección de carrera o profesión, política y religión, y conducta sexual. La media general de frecuencia se ubicó en un nivel bajo; mientras que la media general de Intensidad se situó en un nivel moderado, tal como se observa en la Tabla 1.

Con relación al funcionamiento familiar, el 5.8% de los participantes reportó un nivel de cohesión bajo (M = 1.62, DT = 0.16, n = 12), el 54.4% reportó cohesión media (M = 3.29, DT = 0.46, n = 112) y el 35.9% reportó cohesión alta (M = 4.37, DT = 0.29, n = 74). Por otro lado, el 4.9% de los participantes se ubicó en un nivel de flexibilidad bajo (M = 1.52, DT = 0.25, n = 10), el 62.6% en flexibilidad media (M = 3.24, DT = 0.52, n = 129) y un 28.6% en flexibilidad alta (M = 4.37, DT = 0.29, n = 59). Las medias generales obtenidas por los participantes en cohesión (M = 3.59, DT = 0.82) y flexibilidad (M = 3.49, DT = 0.82) se ubicaron en un nivel moderado.

Con relación a la satisfacción con la vida de familia, el 4.9% de los participantes reportó un nivel bajo (M = 2.38, DT = 0.52, n = 10), el 18.0% se ubicó en nivel medio (M = 3.93, DT = 0.54, n = 37) y el 73.8% reportó nivel alto (M = 6.03, DT = 0.88, n = 152). La media general de satisfacción con la vida de familia (M = 5.46, DT = 1.22) se ubicó en un nivel alto.

Con el fin de contrastar la hipótesis central del presente estudio, según la cual las variables correspondientes al funcionamiento familiar ejercen un efecto modulador de la frecuencia e intensidad de los conflictos con los padres sobre la satisfacción familiar, se llevó a cabo un análisis de regresión múltiple empleando los puntajes de Satisfacción con la vida de familia como variable de criterio (variable dependiente) y, como variables predictoras, las siguientes: a) Frecuencia de conflictos, b) Intensidad de conflictos, c) Cohesión familiar y d) Adaptabilidad familiar, mediante la técnica de "paso a paso" (Stepwise). La solución resultante mostró contribución significativa de los factores cohesión familiar y frecuencia de conflictos. En la tabla 2 se muestra el coeficiente de correlación múltiple (R), el de determinación corregido (R2), los coeficientes de regresión parcial no estandarizados (B), los estandarizados (Beta), el error típico (ET) y los valores de t y p correspondientes.

Con el fin de analizar con mayor detalle el efecto de estas dos variables (Cohesión y Frecuencia de conflictos) y de su interacción sobre la satisfacción con la vida de familia, se llevó a cabo un Análisis de Varianza (ANOVA) univariado. Para ello se categorizaron las dos variables independientes, en tres niveles cada una (Cohesión menor, intermedia y mayor; frecuencia menor, intermedia y mayor), quedando el diseño del ANOVA, por tanto, de 3 x 3.

En cuanto a los efectos principales, los resultados mostraron diferencias significativas de la satisfacción familiar en los niveles de las variables tanto para cohesión (F(2/192)= 22.37; p <.01) como para frecuencia (F (2/192) = 4.13; p <.05). Por otra parte, el efecto de interacción de ambas variables sobre la satisfacción familiar también resultó ser significativo (F (2/192) = 3.34; p <.05), tal como se muestra en la figura 1.

Por último, el análisis post hoc llevado a cabo con la Prueba Honestamente Significativa de Tukey (HSD) mostró que el grupo de cohesión menor (M = 4.64, DT = 1.27; p < .01) difiere significativamente respecto de los grupos de cohesión intermedia (M = 5.64, DT = 1.04; p < .01) y mayor (M = 6.06, DT = 0.86; p < .05), puntuando el primero de ellos más bajo en satisfacción con la vida de familia. Por su parte, el grupo de mayor frecuencia de conflictos puntuó significativamente más bajo en satisfacción familiar (M = 5.00, DT = 1.32; p < .01) respecto de los grupos de frecuencia intermedia (M = 5.46, DT = 1.06; p < .05) y menor (M = 5.80, DT = 1.14; p < .01).

Discusión

Como se observó, los adolescentes del presente estudio reportan percibir, en promedio, pocos conflictos con sus padres así como ser dichos conflictos de una intensidad entre baja y moderada. Este resultado es congruente con la mayor parte de los estudios empíricos sobre relaciones paterno-filiales en la adolescencia llevados a cabo en distintos países en los que se ha reportado, en general, una conflictividad baja entre padres e hijos adolescentes (Steinberg, 2001; Smetana et al., 2006). Dicho resultado contrasta, sin embargo, como se señaló, con las imágenes frecuentemente difundidas por los medios masivos de comunicación así como presente en la cultura popular, en la que se presentan a las relaciones paterno-filiales en la adolescencia como caracterizadas por la presencia de conflictos frecuentes e intensos. Algunas de las explicaciones que han dado los autores a esta persistente presencia de la concepción tradicional son a) la interpretación exagerada de los signos aparentes de inconformismo; b) el sensacionalismo de los medios de comunicación; c) la generalización de datos provenientes de estudios realizados con población clínica; e, incluso, d) la presencia de estereotipos originados en prejuicios o, bien, en temores propios de los padres y adultos (Alonso, 2005; Bandura, 1964; Oliva, 2003).

También en congruencia con la literatura se encontró en el presente estudio que los temas de conflicto más frecuentes e intensos resultaron ser los relativos a problemas domésticos (quehacer doméstico, hora de volver a casa, y estudio y calificaciones). Este resultado es similar al estudio realizado en España por Parra y Oliva (2002) empleando esta misma escala, así como a otros realizados tanto en España como en Estados Unidos (Allen, et al., 1996; Bernedo, et al., 2005; Fuentes, et al., 2003; Megías, 2003; Motrico et al., 2001). En México, no encontramos antecedentes de estudios sobre frecuencia e intensidad de conflictos que se hayan realizado considerando, específicamente, temas de conflicto a excepción del estudio realizado por Vallejo et al. (2004) con adolescentes totonacas en Veracruz, donde se encontró, también, mayor frecuencia de conflictos en los temas domésticos. Según Parra y Oliva (2002), los conflictos más frecuentes resultan sobre este tipo de temas debido a que se relacionan con cuestiones que los adolescentes comienzan a considerar dentro de la esfera de su responsabilidad no coincidiendo en dicha apreciación con sus padres. Una explicación similar es sostenida, también, por otros autores (Musitu y Cava, 2001; Allen et al., 1996; Smetana, Braeges y Yau, 1991; Smetana, Daddis y Chuang, 2003; Smetana, Yau y Hanson, 1991). Además, según Parra y Oliva (2002), como se trata de temas que pertenecen al ámbito de lo cotidiano constituyen un contexto idóneo para el reajuste de las relaciones familiares y la paulatina afirmación de la autonomía del adolescente, ya que no comprometen por lo general valores o intereses vitales para la identidad de estos últimos.

En contraste con lo anterior, los conflictos menos frecuentes y menos intensos resultaron ser aquéllos relacionados a temas personales (elección de carrera o profesión, política y religión, y conducta sexual). En su estudio, Parra y Oliva (2002) hicieron notar el hecho de que los conflictos menos frecuentes son, precisamente, aquéllos donde la comunicación familiar es más escasa, lo que les llevó a plantear la hipótesis de que tal vez se trate de temas que tienden a ser evitados. Esta interpretación podría ser plausible también para el presente estudio, ya que se trata de problemas donde se ponen en juego decisiones que podrían ser cruciales para la vida del adolescente o, bien, valores e intereses con los cuales actualmente se identifica.

Por otra parte, las medias obtenidas por los participantes en cohesión y flexibilidad familiar se ubicaron en un nivel moderado. Según el Modelo Circumplejo de Olson (2000), las familias con niveles moderados de cohesión y flexibilidad son las mejor ajustadas. De esta manera, encontramos en el presente estudio la prevalencia de un nivel adecuado de funcionamiento familiar en la percepción de los adolescentes bachilleres, lo cual es congruente con el hallazgo, comentado más arriba, de la presencia de pocos conflictos con intensidad entre baja y moderada.

Con relación a la satisfacción con la vida de familia, el puntaje medio se ubicó en un nivel intermedio entre el punto 5 (ligeramente satisfecho) y el punto 6 de la escala (satisfecho) lo que revela, en general, un adecuado grado de satisfacción familiar en los adolescentes, lo que es congruente con la literatura en general (Bandura, 1964; Megías, 2003; Musitu et al., 2004) y, en particular, con estudios anteriores llevados a cabo en nuestro contexto (Anguas, 2000; Luna et al., 2011). Con respecto a ello, Fuentes et al. (2003) ya señalaban que, aunque los adolescentes inicien nuevas e importantes relaciones con amigos y parejas, conservan lazos afectivos importantes con sus padres y estos continúan siendo una de sus principales fuentes de apego y ayuda emocional.

En el presente estudio se planteó analizar en qué medida dicho grado de satisfacción familiar podría ser predicho por el grado de frecuencia e intensidad de conflictos considerando además, como variables predictoras, a la cohesión y la flexibilidad familia. Así el Análisis de Regresión Múltiple efectuado, mostró una contribución significativa de los factores de cohesión familiar y de frecuencia de conflictos sobre la varianza de satisfacción con la vida de familia. El modelo compuesto por estas dos variables independientes logró explicar alrededor del 50% de la varianza de la dependiente. La contribución más importante correspondió a la cohesión familiar, cuyo coeficiente de regresión estandarizado se ubicó en un nivel de medio a fuerte (Beta = .59). Por su parte, la contribución de la variable de frecuencia de conflictos resultó ser negativa en un grado moderado (Beta = -.28). Este resultado indica que el aumento de la cohesión familiar unido a la disminución de la frecuencia de conflictos con los padres, predice un incremento en la satisfacción familiar de los adolescentes y, viceversa, una disminución de la cohesión familiar unida a un aumento de la ocurrencia de conflictos pueden predecir la disminución de satisfacción familiar.

Los resultados del Análisis de Varianza Univariado permiten profundizar en estos hallazgos. En cuanto a los efectos principales sobre la satisfacción con la vida de familia, el efecto mayor correspondió a la cohesión familiar, mostrando cómo el grupo de menor cohesión presentó significativamente menos satisfacción que los grupos de cohesión intermedia y mayor. Por su parte, la frecuencia de conflictos mostró un efecto sobre la satisfacción familiar mostrando que el grupo de mayor frecuencia puntuó significativamente más bajo en satisfacción que los grupos de frecuencia intermedia y menor. Sin embargo, como lo muestra el análisis de la interacción de estas dos variables, el efecto de la frecuencia de conflictos sobre la satisfacción con la vida de familia depende, en buena medida, del nivel de cohesión. En efecto, como se ilustra en la figura 1, cuando aumenta la frecuencia de conflictos los niveles de satisfacción familiar tienden a mantenerse estables si la cohesión es intermedia o mayor. Por otra parte, el efecto de la frecuencia de conflictos es visiblemente mayor cuando la cohesión del sistema familiar es menor. En conclusión, el nivel de frecuencia de conflictos tendrá un efecto negativo sobre la satisfacción con la vida de familia en la medida en que el grado de cohesión familiar sea menor.

En general, los resultados del presente estudio indican la importancia de la familia como fuente de apego y ayuda emocional durante la adolescencia, así como la importancia de contar con un contexto cohesivo moderado en el sistema familiar como condición para que la frecuencia de los conflictos con los padres no afecte de manera importante la percepción de los adolescentes sobre la satisfacción de su vida con su familia.

Como limitaciones del presente estudio cabe señalar que la muestra ha estado conformada solamente por estudiantes bachilleres de una escuela pública, así como el hecho de que la frecuencia e intensidad de conflictos se midió únicamente con relación a los 14 temas del cuestionario original de Parra y Oliva (2002). Igualmente, no se tomó en consideración el nivel de educación materna y paterna. Queda, por tanto, para futuros estudios la necesidad de corroborar los presentes resultados con muestras de adolescentes de diferentes edades y grados de estudio, así como considerar la presencia de otros temas de conflicto como, por ejemplo, los relativos a los hermanos, el lenguaje o el uso de automóvil, el celular o la computadora, cuya inclusión podría ser relevante al momento de evaluar los grados de conflictividad paterno-filial. Por último, cabría considerar también el nivel educativo de madres y padres, el cual ha mostrado tener influencia en la percepción del funcionamiento familiar (Alonso, 2005; Palomar y Márquez, 1999).


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